lunes, 3 de noviembre de 2025

Sympathánatos

A veces tengo temor de que no haya nadie mejor para el uno que el otro.
Tremendo... Podemos enumerar mil cosas que vemos mal en la otra persona, y buscar muchas voces que nos las confirmen. Sin embargo, temo que pese a esa enorme lista, la verdad sea que seamos lo que el otro necesita para que una flor crezca en este mundo tan dificil.
Y el temor de esa verdad no es la verdad misma sino que, de ser cierta, cometamos el grave error de seguir combatiendola. Perseverar en la lucha hasta ganar esa batalla y, en ese preciso momento, perder definitivamente la guerra.




lunes, 17 de junio de 2024

No Me Ames

En el sol de invierno habita un extraño,
sensible y sin tacto.

Tan lleno de dudas cómo de sentires, con miedos reales y otros más sutiles.
No me ames, porque no se manejarlo.
Porque sueño tanto y me equivoco aún más.
Mí pecho está lleno, mis días son cortos y mis noches inmensas.

No me ames, yo no lo merezco. Todas mis flores siempre se marchitan.
Es que yo agonizo, ya me estoy muriendo...
Deslizo en degradé, a tonos más fríos. 

No me ames, no sé si podrías, tal vez te contagies, mejor no me ames.

No lo hagas, podría no soltarte, tatuarme tu nombre, penarte sin verte en cada partida.

No me ames, pero si lo haces, por favor, rescátame pronto, antes de que muera, quede la cáscara y solo respire.




jueves, 6 de junio de 2024

Despertar...

Despierta... La experiencia en la Tierra llegó a su fin. Regresamos...

Aprendiste sobre el amor, la desesperación, la tristeza y la alegría.

Experimentaste sentimientos y en tu caso, un crecimiento del alma que te acerca una nueva existencia a la que solo se puede acceder, pasando antes por aquí.

El desafío de la experiencia humana ha sido sin duda agotador. No es para cualquiera y sin embargo es parte de un sistema muchísimo más grande.

Creo que si me decían antes todo lo que iba a pasar, sin duda hubiera dicho que sí (claro que sí, porque ¿de que otra forma hubiera sido posible experimentar toda la gama de sensaciones humanas sino es siendo humano?).

Tengo que confesar que estando dentro del mundo terrícola, la cosa cambia. La incertidumbre, la incerteza, la falta de seguridad que sufrimos cuando desconocemos la trascendiencia que ahora, ya libres de la montaña rusa que es la condición humana, damos por sentada... Toda esa fragilidad de consciencia es verdaderamente un desafío.

Puedo afirmar también, ya después de la experiencia, que no me arrepiento de haberla transitado. A pesar de todas las dificultades. Y no se si tanto por las alegrías, que valoro, claro está, sino por la sabiduría de las cicatrices adquiridas. Aunque me quedé con la sensación que faltó mucho por aprender (más que una sensación, es también una certeza, sí).

En definitiva, ha sido tremendo viaje y ya ha terminado.

Tengo la posibilidad de volver, de dar otra vuelta más... No estoy tan seguro. Valió por supuesto el paso por ese mundo, pero no sé si quisiera repetir el proceso, y menos si no puedo hacer vívido en mí recuerdo el aprendizaje anterior. Quizás no alcance con la intuición de un alma vieja que llega de nuevo a dar otra vuelta... No, creo que no alcanza, me la voy a pegar un montón de veces más. Si de hecho esa es la idea... ¿Por qué volvería entonces?

Solo se me ocurre que lo haría por los demás. A Buda eso fue lo único que lo retuvo... Lo entiendo. No sé si soy tan necesario, todo lo que hay que transmitir, ya ha sido dicho, solo que pocos escuchan.

Es lindo despertar también. La paz y la armonía vibrando en el todo, es imposible de describirle a un humano. 

Es tan llamativo que vivan en esa incertidumbre, inmersos en la ley de la finitud, cómo si fueran certezas incuestionables. Es que solo con ellas se puede entender la razón de la creación.

Uno cree que el destino de grandeza, de plenitud o de felicidad (si es que existe como tal) es una ruta que seguimos y que segun el tipo de conductor que seamos, podemos alcanzar o no. ¡Que poco entendermos el plan!

No sé si quiero otra vuelta... No hay ninguna experiencia que desee con tanto fervor volver a transitar... casi ninguna, bah.

Por ahí el tiempo lineal, el amor verdadero de esos en los que se nos va la vida, las noches de verano... Privilegios que pocos tienen y aún menos reconocen como tales. En fin.

La clave es saber que las vicisitudes y los sinsabores, son solo parte de algo más grande, mucho más incluso que un periodo vital.

Estoy despertando, pero quizás me quede un ratito más...




domingo, 27 de agosto de 2023

El Gran Plan

 


No tengo dudas que hay un Gran Plan. Que todos somos parte de algo más grande. Algo que nunca vamos a poder llegar a dimensionar, ni siquiera medianamente comprender.

No tengo dudas, porque en definitiva es evidente que muy poco de lo que nos pasa en nuestra vida es realmente mérito propio. No elegimos demasiado en nuestro camino.

No elegimos donde nacemos, ni nuestros padres, donde estudiamos, y el contexto en el que crecemos. Ergo, tampoco tenemos ninguna responsabilidad en la constitución de nuestra personalidad, que en definitiva nos es dada por todo eso. Ni nuestro nombre es elección propia.

Al tener poco que ver en cómo se formó nuestra personalidad, tampoco tenemos mucho margen al momento de tomar decisiones durante nuestros jóvenes años, ya que lo hacemos en base a la constitución psicológica que nos ha tocado. Las amistades y vínculos que nos acompañan desde temprana edad son dados por una afinidad de personalidad que ya tenemos formada, sin aporte alguno nuestro.

El camino de la responsabilidad se va formando de a poco, en la medida en que somos conscientes de nosotros mismos. De lo que queremos, de la escala de valores que sostenemos, de porque nos gusta lo que nos gusta y de las consecuencias de las decisiones que tomamos.

Lamentablemente, este proceso no es nada rápido, y hasta que llegamos a ese punto, nuestras decisiones, nuestros resultados, son una simple consecuencia de una construcción que nos es absolutamente ajena.

Nuestro mérito es de alguna manera escaso, pero no inexistente. La construcción moral, una vez establecida, nos pertenece por completo. Las elecciones morales que hacemos, la decisión de "hacer lo correcto" no es de nadie, más que de uno mismo. Queramos o no, construimos una filosofía propia, personal, que se sustenta en los valores que desarrollamos a partir de una base que aunque no es propia, los valores que emergen de ella sí lo son. Podemos nacer y crecer en múltiples diferentes circunstancias, pero todos aprendemos lo que esta bien y lo que está mal. Ulpiano enseñaba el "alterum non laedere", ese deber general de no dañar al otro, como tradicionalmente se explica. Aunque en verdad, es algo más. No hace falta que el daño se produzca, el deber es evitar la posibilidad del mismo: podemos simplificarlo en "respeto".

El libre albedrío navega esas aguas. Las del respeto al otro y a uno mismo. Las que nos llevan a una costa o la otra, dependiendo de cuanto nos respetemos, cuando escuchemos nuestros anhelos, nuestra propia filosofía y a su vez, respetemos a los otros.Todo lo demás, nos ha sido dado.

Es difícil determinar si lo que no es dado es mayor, o más determinante que nuestro libre albedrío,  a veces parece muy poco este último, aunque en una encrucijada, la elección moral puede ser tan determinante como el Gran Plan mismo.

Al final del día solo podemos dar lo mejor de nosotros y después, la conspiración universal hará su parte. La experiencia humana es en definitiva, transitar este proceso. Nada más.

sábado, 31 de diciembre de 2022

2022

No voy a despedirte. Porque creo que no se despide a los años, ni a las personas. Despedir tiene más que ver con desechar que con saludar. 

Pasó recién otro año más. Siempre estos días son un tiempo raro de reflexión y por alguna razón estos tiempos siempre resultan algo movilizantes para cada uno.

Si hay algo bueno que te puede dejar un tiempo pasado es aprendizaje. O más exactamente sabiduría. Una historia vivida es, antes que nada, una experiencia atesorada. Una marca en ese mural que conforma el tejido constitutivo de nuestra alma.  A veces quisiera resistirme a los finales...

Reconozco que los años solo pueden durar sus 365 días cada uno. Pero es de Perogrullo que hay días más preferibles, más memorables que otros. Días que uno quisiera repetir, retener, estirar. Pero hay otros que parecen no terminar jamás, eternos como esas cicatrices de la infancia.

Puede terminar el año y comenzar otro, sí. El calendario es indiscutible, pero creo que voy a tener la irreverencia de retener algunas de sus partes. En especial aquellas que fueron tan especiales como el café de la mañana.

Supongo que este año que comienza me va a explicar de que se trató el anterior. Siempre pasa eso con los años. Algo me dice que quizás la explicación sea buena, no sé. Así y todo, ya esta decidido: Ciertas partes que pasaron, me las voy a quedar tal cual. Por especiales, por reveladoras, por profundas.

En definitiva, siempre sostuve que somos solo algo más que la suma de nuestras experiencias y aprendizajes. Solo podemos ser quienes somos hoy, por lo que fuimos ayer. Protagonizamos un devenir que muta mientras también mutamos.

No tengo claro el Gran Plan (¡¿Que no daría por saberlo?!)… pero la sensación -o certeza- que me acompaña, es que no está compuesto de azar. Y que en definitiva… somos todos parte de algo más grande.


miércoles, 26 de mayo de 2021

Kairos

Es increíble como ilumina la Luna. En noches de Luna llena y cielo despejado, la noche no es tan noche, o mejor dicho la noche no es oscura y es muy, muy noche.

“La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos” decía Pablo mientras plasmaba en letras su tristeza.

Que diferentes somos de día y de noche. Mucho tiempo me pregunté en cual de esos momentos se mostraba el verdadero ser. Creo que en verdad el verdadero ser se muestra en ambos momentos, como también puede permanecer oculto en cualquiera de ellos.

“¿Como no haber amado sus grandes ojos fijos?” Quizás el Todo a veces nos posa su mirada. Un instante nomás y nos cambia. Por un breve momento somos en toda nuestra vulnerabilidad, en todo el error que podemos ser, en toda la lucidez de la posibilidad. ¿No les pasa a veces?

En momentos así, el mundo cotidiano jaquea su propio sentido. Las preocupaciones de siempre y los contextos se vuelven poco importantes. Efímeros, como los imperios. Pasa cuando a veces el Uno, en su insondable esencia que sobrevuela todo lo que hace, nos mira. De pasada, por un momento casi sin tiempo, al recorrer la creación toda, caímos brevemente en el cuadro que pinta con su prometea mano.

¿Y que me pasa cuando sucede? Pasa el Kairós. Me doy cuenta de lo importante. No hago demasiado, hay que decirlo también. Solemos evitar profundizarlo y buscamos volver a la ceguera cotidiana. Sería como arrancarse los ojos para cuidar la vista. Es comprensible, igualmente. Pasa que con el Kairós viene el recessus, esa angustia de palpar lo inalcanzable. El impulso de correr como lobos y la frustración inmediata de no encontrar el bosque para hacerlo.

El Kairos es solo eso, nada menos que eso. La crisis se repite en la banda de moebius hasta que al fin, alguna vez, le devolvamos al Uno la mirada, para finalmente ser consumidos por el fuego que no quema… pero renueva.





jueves, 24 de diciembre de 2020

Ezis

 

Si mí alma fuera un sistema operativo como el Windows, tendría un montón de ventanas abiertas. Una de ellas sin duda, sería cierto sentimiento de padecimiento melancólico fastidioso. Aunque más que una ventana, sería una aplicación corriendo permanentemente en segundo plano. No sé bien cuál es su función, ni siquiera como llamarla

Vamos a ponerle Ezis, ya que ese es el nombre de la diosa griega de la angustia. Hija de la noche y de la oscuridad, Ezis es una de las deidades más antiguas... no me extraña.

Ezis tiene un efecto particular en mí sistema operativo. A veces, cuando corre, hace más lento el funcionamiento ya que hay aplicaciones que se cierran solas o que trabajan un poco más despacio.

Otras veces algo la activa y abre una ventana para correr directo en primer plano por sobre toda otra aplicación. No sucede muy seguido, por suerte. Cuando pasa eso, no se puede cerrar, ni siquiera minimizar. Corre ahí por encima de todo. En esos momentos empieza a consumir una enorme cantidad de memoria. Abre muchos archivos multimedia viejos y los va corriendo de a uno. Aunque a veces no son muchos los archivos que abre, sino unos pocos, y aunque los cierre, al rato los vuelve a abrir otra vez. Fotos y videos que no dejan de aparecer cada tanto en pantalla.

Ezis está siempre corriendo. O casi siempre, en realidad. Algunas veces, por circunstancias absolutamente desconocidas entra en suspensión y aunque activo, no corre, no utiliza recursos del sistema, ni nada. Es apenas un poco de memoria ocupada en caché nomás. Y curiosamente en esos casos, el sistema no es más rápido, pero tampoco más lento. El resto de las aplicaciones corren igual, solo que distintas. Algunas van más rápido, otras no. Algunas operaciones se ejecutan diferente nomás. Eso sí, la resolución de pantalla aumenta y todas las ventanas tienen mejor definición. También, debo decirlo, algunas aplicaciones no corren cuando pasa esto. Programas como Reflexión, o Momento Bisagra se apagan más seguido o no funcionan. Otras aplicaciones como Empatía, corren con diferente configuración, y no esta claro que tan bien andan en esos casos.

Por el contrario, la conexión de red anda fenómeno sin Ezis y la velocidad de transmisión de datos entre computadoras es un lujo. Cuando Ezis está operando, el ancho de banda se achica y por alguna extraña razón lo distribuye de una forma absolutamente discrecional, prefiriendo ciertas computadoras por sobre el resto. No sé porque.

¿Para que sirve Ezis? No está muy claro. Vino con el sistema operativo, en verdad. Creo que es uno de esos softwares muy complejos que la mayoría de las veces traen más problemas que beneficios, ya que  la dificultad de uso que tiene a veces es un obstáculo insalvable para el usuario. 

No hay desinstalador para Ezis. Pequeñas partes de su programa se infiltran en los directorios y en otras aplicaciones y se hace imposible sacarlo del sistema.

La única posibilidad es aprender a usar este software. He tenido indicios de que al usarlo eficientemente permite asignar mejor los recursos del sistema, direccionando más a las aplicaciones realmente importantes, y recortando memoria de otras como Superficialidad o Entretenimiento Pasajero. Es un programa muy difícil de usar, pero si vino instalado en el sistema operativo, no queda más remedio que aprender, porque si no ese Windows que es el alma se hace mucho más difícil de operar.




lunes, 28 de septiembre de 2020

Tiempos Interesantes

Siempre que escribo me imagino como el lector puede recibir el contenido que transmito. Y aunque es algo que me parece muy dificil de predecir, nunca puedo evitar hacerlo, con la esperanza de hacer llegar alguna suerte de mensaje, ya sea positivo, ya sea emotivo, a quien reciba estas líneas. En definitiva, la imaginación es una fuerza poderosa, que puede incluso construir realidades que hoy, ahora, no son, pero que sí sean mañana. 

Quizás por eso los niños imaginan tanto… no? porque es la forma en que están construyendo los cimientos del futuro que han de tener, aunque la vida siempre, siempre nos lleve por caminos insospechados. En cualquier caso es indispensable mantener viva la imaginación. Y en esto no es importante la edad, creo que tenemos que imaginar siempre. Diseñar en nuestra mente nuevos mundos, abrir múltiples posibilidades, porque como escribió Shakespeare “estamos hechos del mismo material que los sueños”. 

Y agrego algo más, en estos tiempos tan extraños para la humanidad, es cuando más necesaria es la imaginación. Soñar un futuro diferente, soñar lo que no tenemos, pero deseamos, es el requisito indispensable para salir airosos de los tiempos de dificultad. 

Creo que buena parte de lo que fue creado, en verdad fue soñado antes. Todos hemos sido soñadores. Algunos todavía lo seguimos siendo… y los que ya no…. Hay que repensarlo. ¿Por que dejaron de soñar? Me interesaría escuchar testimonios, posta. Lo único que voy a decir, animándome a adelantarme a algunas respuestas, es que no es admisible matar los sueños en defensa propia. ¿Que quiero decir con esto? Eso de dejar de soñar para evitar la frustración posterior del sueño incumplido, de la falla en su realización…. No. Quiero decirles, que eso es una trampa. La falsa sensación de seguridad del conformismo, de la falta de imaginación que nos sostiene al ahora tal como esta y nos lleva a no conflictuarnos con él. En una suerte de resignación anestesiada. No. No funciona. Creanme que no es por ahí. No para uds., los que me leen. Porque si han tomado conciencia de la situación, si pudieron darse cuenta del mecanismo negatorio de nuestros anhelos, entonces ya es tarde. Seria algo asi como ser Adan en el paraíso y comer del fruto del árbol del bien y del mal, pero pretender después hacer como si nada. No se puede. 

Yo recomiendo en estos casos, tomar coraje, respirar profundo, y mandarse nomas a soñar… a imaginar otras posibilidades, otras vidas, otras actitudes, otras elecciones. Animarse. No importa el resultado. No se trata de ganar o perder. Nada se pierde igualmente, sino todo lo contrario. Quizas aunque no lleguemos a concretar nuestros anhelos, seguramente podremos dar pequeños pasos hacia ellos. Baby steps, como dicen los ingleses. Y en definitiva, toda transformación empieza con un primer paso. Negarnos a esto es continuar navegando en el mar de la infelicidad de lo conocido. Ya fue…. No hay vuelta atrás, una vez que uno tomo conocimiento de estas aguas en las que se encuentra, no queda otra mas que luchar por salir adelante. 

¿Que pasa si parte de ese proceso implica soltar, romper el status quo, lo conocido, la cómoda infelicidad? Creanme que entiendo el problema. Da vértigo de solo imaginar la situación. Como esto no es un blog de autoayuda, no voy a salir con técnicas de superación o recetas para el éxito (si es que existe tal cosa), solo puedo ensayar una recomendación: siempre tengan un plan. Y si pueden tener dos, o tres, mucho mejor. Baby steps y planificación. Todo lo que puedo aportar. 

Mas allá, de ello, solo puedo transmitirles algo más: una oculta y remota convicción: creo que somos parte de un orden implícito. En ese orden cada uno de nosotros tenemos un rol que cumplir y por lo tanto somos arrastrados por una tendencia. No hay ningún tipo de explicación científica para esto, sí hay mucho debate desde lo religioso sobre la cuestión del determinismo o el libre albedrío. No viene al caso igual, embarcarse en eso ahora. Pero creo que cuando estamos plenamente sintonizados con ese orden, nos sentimos un poco mejor. Y permítanme un acto de fe más: no creo que el orden de nadie se trate de ser infelices. Ojo, tampoco creo que se trate de ser felices, eh? Sino más bien, de estar en forma, agiles sorteando dificultades y superando obstáculos, en definitiva, la vida misma. No se si hay otra felicidad más que esa. 

Podemos entonces transitar nuestro tiempo sumidos en el malestar rutinario (ya sea anestesiado o no), o activos en el incierto camino de soñar y tratar de que sea realidad… la elección es siempre nuestra. Se dice por ahí que existiría una antigua maldición china que consiste en desear al otro “vivir tiempos interesantes”. No se si eso es en verdad una maldición, me suena más bien a que la verdadera maldición es vivir tiempos que no lo sean.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Apuntes de madrugada

Son casi las cuatro de la madrugada.  El tiempo corre más despacio a esta hora, en especial si el despertador se toma el día mañana. 

El silencio a esta hora sienta bien. Suelo estar dormido ya, pero a veces tengo algo para decir, o mejor dicho, escribir. Bueno, hoy en verdad no lo tengo, solo tengo la necesidad de sacar algo que está guardado. Los humanos guardamos muchas cosas dentro nuestro. Y es algo muy curioso, porque en general no sabemos que es lo que guardamos hasta que lo sacamos afuera.

Aristóteles estaba convencido que lo justo, lo bueno, lo perfecto, estaba en lo que los griegos llamaban “telos”, algo así como el propósito fundamental, la esencia misma de algo que determina su finalidad definitiva. Se suele poner como ejemplo la semilla: su “telos” es ser un árbol.

Para el ser humano esa finalidad es la realización, la plenitud. Seria algo así como la felicidad, solo que real y posible.  No me voy a referir a Aristóteles más que en esto que ya señalé. No porque no lo merezca, es quizás una de las mentes filosóficas más trascendentes de la historia de la humanidad, sino porque estas líneas no son para eso y además, él tenia claro que el telos se verifica en una polis correctamente gobernada que privilegia y tiende a la virtud. En Argentina, no sería el caso.

Conocer el telos de cada un no es tarea fácil. Me animo a decir que en la mayoría de los casos se viven vidas completas sin siquiera aproximarse a ello. Quizás por eso la felicidad es tan tangible como los ángeles.

En esta madrugada reflexiono y puedo reconocer que he dedicado buena parte de mi vida a tratar de encontrar mi telos. He dedicado tanto tiempo vital solo en sostener el temor de eludirlo… teniendo presente que el tiempo transcurre y cuando no busco el telos, entonces lo esquivo. Esta actitud puede ser frustrante (y lo es), pero también creo que es parte del instinto de supervivencia. 

¿Cómo me daré cuenta si lo encuentro? Sin duda habrá algo en mi sentir que me lo diga, obvio. Algún sentimiento sutil y poderoso, quizás. ¿O será tal vez una dirección de mi atención? Algo que al ser invocado hace que en ese instante toda la atención y la energía se dirijan allí, no por necesidad, sino más bien por devoción. Una vibración interior que nos confirma que no hay nada en el mundo que quisieras estar haciendo aparte de lo que en ese momento estas haciendo, con la certeza que estas cumpliendo la función para lo que has sido hecho. Ese sentimiento es el subproducto emergente de la presencia del telos.

Quizás mi telos está aquí y ahora, en estas líneas… quizás no. Pero declaro bajo juramento que voy a seguir tras de él. Es en verdad un juramento fácil, ya que creo que aunque quisiera, no podría hacer otra cosa… es que si la hiciera, solo reinaría el conflicto en mí, y a esta altura de la vida, preferiría evitarlo… salvo que sea absolutamente necesario, claro.




viernes, 27 de marzo de 2020

La muerte al lado (parte 2)


Ya la estaba extrañando.

En un mundo de cuarentena y miedo a un virus invisible, tuve que salir de mi casa a realizar un trámite en el centro, por impostergables obligaciones laborales. Conducía de regreso mi auto y mientras estaba atento a la avenida vacía de vehículos, me di cuenta que la Muerte estaba sentada en el asiento del acompañante.

Siempre callada. Con la vista al frente y esa envidiable inexpresión que tiene su rostro, el cual en definitiva, es igual al mío. Nunca me mira, por suerte. Pero no hace falta, su sola presencia alcanza para que me sienta diferente, vivo.

Estos tiempos son tiempos de miedo en el mundo y el miedo es la semilla de todo lo malo. Odio, inseguridad, violencia, rencor, dolor. Me doy cuenta que la peor epidemia es el miedo y creo que es el virus más grave.

Manejaba por una ciudad casi desierta junto a la Muerte y durante ese breve instante me sentí muy vivo. Afortunado de estar en plenas condiciones mentales y físicas. Consciente de lo breve de mi estadía en el mundo y por eso, algo consternado por el posible devenir del futuro. Cuando la muerte esta lejos, solemos perder mucho el tiempo. Por eso me agrada que cada tanto se siente a mi lado, tan sobria vestida pero tan presente, porque siempre me pregunta lo mismo: ¿Qué es lo importante? Y toda mi escala de preocupaciones se ve alterada.

En particular no es el momento de la muerte lo que más me preocupa, sino más bien la vida cuando ella llegue. Una vida que se resista a entregarse y solo vaya soltando de a poco, por partes, como una soga que se nos va resbalando de la mano. Eso me asusta un poco más.

Se preguntaba Mary Shelley: ¿Quién, tras un grave desastre, no ha vuelto la vista atrás con asombro ante la inconcebible torpeza de comprensión que le impidió percibir las numerosas hebras con que el destino teje su red, hasta que se ve atrapado en ella?

Tener a la Muerte al lado nos recuerda que podemos estar tejiendo esa red sin darnos cuenta. No sé si es posible evitar esa torpeza, pero creo que al menos es mejor intentar tomar conciencia de ella y estar al menos un poco más atentos. En definitiva, prefiero pensar que el destino es algo negociado.





jueves, 13 de febrero de 2020

Café

Me empiezo a dar cuenta que el instinto gregario es eso: un instinto. Y los instintos no se quitan, no se domestican, solo se pueden, en el mejor de los casos, administrar. “Impulso natural, interior e irracional” que nos compele a ser parte de un colectivo humano determinado. Es eso.

Y del otro lado está el ermitaño. Ese arquetipo del Tarot que solo le pega a algunos, a quienes creemos que pensamos. A aquellos que buscamos, al menos a algunos de aquellos. Pero el ermitaño es sabio, y solo porque es sabio es que puede estar solo. No es que la sabiduría sea un requisito o una cualidad inherente, sino que es lo único que vuelve a la soledad soportable, agradable o preferible. La sabiduría toma café con los instintos.

No tengo claro el devenir de este relato, solo su comienzo, rasgo común de las aventuras verdaderas: sabemos cómo empiezan, pero no como terminan.

Por lo pronto decidí asumir que me pienso, o que al menos quiero hacerlo, que trato de hacerlo, aunque con bastante pereza. En estos tiempos de hipérconectividad las redes sociales son una tecnológica hermosamente peligrosa, nos abren a un montón de ideas y posibilidades y a una monumental pérdida de tiempo también.

Así que por un instante espabilé y me puse a escribir. Lo hago porque de alguna manera es también hacer trampa: soy consciente que nuevamente tengo que tomar decisiones (como si esa actividad sea esporádica y no un continuo que casi todo el tiempo está sucediendo sin que nos demos cuenta). Y como las decisiones no estarían llegando (¡Que iluso! Decidimos siempre y no hacerlo es también una decisión), me puse a escribir. A poner en papel este estado de flujo en el que las palabras, las ideas brotan, toman forma y empiezan a dirigirse hacia algún lado. Guardo la esperanza que en ese proceso las respuestas aparezcan… Ya les contaré más adelante que sucede en este punto.

Por lo pronto estoy aquí tomando un café. Me encanta sentarme a tomar un café. Lo haría todos los días, en cualquier momento, mañana, tarde o noche. Yo creo que en la vibración correcta, es casi como levantar un círculo mágico súbitamente alrededor. Solo tiene que llegar el pocillo y prepararse, tomar el primer sorbo y… listo. Estamos en otro lado, en un micromundo en el que fluye nuestra interioridad (si, “interioridad” ¿Que tiene? ¿Se entiende, no?). Fluyen pensamientos varios, cosas que leer, cosas que escribir, cosas que analizar. Si estamos con alguien surge el diálogo, el ida y vuelta a veces hablando, a veces silencioso, quizás cómodo o quizás muy incómodo, pero siempre pasan cosas.

Hoy paré en un café de la Av. Corrientes, le fui infiel a mi gusto por los bares y cafés palermitanos, pero simplemente quería algo más cerca, o quizás quería variar, no sé.

Así que en este café, un domingo cualquiera de verano en Buenos Aires, golpeo con mis dedos la pantalla táctil de mi tablet y voy viendo que pasa, la gente a mi alrededor y los misterios del mundo. Yo creo que no hace falta irse hasta Petra para encontrarse con ellos, quizás solo basta con un café, una incomodidad y algo para escribir.



miércoles, 1 de enero de 2020

2020


Leí por ahi que el calendario maya tiene un día llamado “día fuera del tiempo” o algo así. No es el 1º de enero, pero bien podría serlo. No por cuestiones astronómicas como el caso de los mayas, sino más bien por cuestiones sociales: es el primer día del año según nuestro calendario, feriado y con esa cierta “calma” luego de los obligados festejos de fin de año.

Quizás nos queda algún almuerzo restante o quizás simplemente la tranquilidad de un día de descanso.

Tiempo obligado de breves (y a veces efímeros) balances, nuevas metas y deseos para la nueva etapa que gregorianamente decidimos comenzar hoy.

Los contextos son, en definitiva, circunstancias. Como llegamos a hoy personal, familiar, social o políticamente son solo una instantánea del momento. Este momento. Hay algo seguro: nada es definitivo. Y por eso está prohibido quedarnos quietos.

Ningún rumbo es invariable y siempre es posible el golpe de timón. Si mantenemos el curso, que sea porque queremos, porque creemos que estamos yendo a donde queremos ir y no porque nos dejamos llevar, porque no nos animamos a otra cosa.

Cabe la posibilidad que no exista un puerto de llegada, sino más bien hitos en el viaje.

Por mi parte me voy a proponer simplemente planificar un poco más. No importa si los planes cambian sobre la marcha. Peor es no tener ninguno. “Dejar fluir” es un estado de conciencia más que un plan de vida.

Y aunque la vida es eso que sucede mientras hacemos planes, lo cierto es que los planes son parte de la vida y de una u otra forma, influyen en los acontecimientos que nos van sucediendo.

Planifiquemos grandes cosas y si cambiamos después esos planes, no importa. Importa agarrar el timón y ver qué pasa.

Leven anclas.


domingo, 25 de agosto de 2019

Tango



Entendí el tango de grande, cuando me di cuenta que era la amalgama que mantenía unidos los ladrillos que forman el núcleo de mí alma.

Sí, es verdad que el núcleo del alma es, si es que existe tal cosa, solo una pequeña parte de ella. Pero sería, en todo caso, la parte más definitiva del ser o al menos de mí sentir. Nostalgia. Es eso.

Sutil condición de transcurrir sabiendo que siempre falta una pieza (a lo menos) del rompecabezas. Todo puede ser, pero la mayor parte no es.

¿Por qué será que siempre la pieza que nos falta del rompecabezas es la que quedó atrás? Nunca te das cuenta del paso del tiempo hasta que tomas conciencia de que ya pasó. Una porquería! Para peor, cuando ya se tiene eso asumido, a veces se va más allá, y se llega a tener nostalgia de la nostalgia misma vivida en el pasado. Tremendo... ¡Qué caros que son algunos momentos! No hay forma de juntar para pagar por ellos de nuevo.

Por lo menos siempre quedan las palabras. Estás que pueden ser dichas o mejor aun,  escritas. Son el consuelo final que al menos permiten hacer sentir que lo que sea que pase, vale la pena, tiene un sentido, aunque mas no fuera el de poder dejar plasmado un sentimiento, dándole el arte de la prosa. Algo es algo. No nos preocupemos por que tan bien nos salen, lo importante es expresar, es la única forma de supervivencia.

Tenemos que desterrar a la ansiedad. No es buena. Nos hace vivir hoy el mañana, pero ese mañana no existe hoy! Es de locos...

También a veces la ansiedad nos trae el ayer, nos lo revive y nos amaga a proyectarlo en el futuro solo para enrostrarnos que no estará... Vaya sadismo!

A lo lejos parece quejarse un bandoneón... No está tan lejos, pero en definitiva nunca llego a tocarlo. 

Voy a intentar añorar el futuro, solo para variar un poco.

sábado, 27 de abril de 2019

El Sentido del Tiempo

Epifanías instantaneas, tan breves como el recuerdo de un beso, se hacen presentes de cuando en cuando para recordarme que el tiempo pasa y se termina. Que no existe tal cosa como lo perpetuo. Que este trabajo, esta persona y esta rutina un día llegan a su fin. Y al igual que muchas cosas de la vida, esos finales suelen ser tan repentinos como el amor mismo.

A veces me pregunto: ¿Que estoy haciendo? ¿Por que me involucro tanto en una cotidianidad pasajera y dejo pasar lo importante? ¿Por qué nos negamos a escuchar nuestros deseos? O peor aún los escuchamos pero muy poco hacemos al respecto.

Y el tiempo pasa... Siempre pasa. ¿Por qué carajo se pasa?
¿Donde quedaron los amores de verano? Las trasnoches inolvidables, los paseos por el mundo, las rutas a la costa, los naipes del bar, las risas infinitas y sus besos inmortales...

En algún momento el mundo se hizo mucho más grande. El tiempo cambio de sentido ¿Fue cuando los recuerdos llenaron tanto el cajón que se empezó a hacer difícil cerrarlo? ¿O fue cuando empezamos a darlo por sentado?

La seguridad nunca sirve para nada. Lo único seguro es que al final la muerte siempre llega temprano.

Esta noche el silencio no grita, solo conversa conmigo. Y después de un rato a veces es necesario salir corriendo. No se trata de huir, sino más bien de sobrevivir. Tomar consciencia, aunque sea por un breve lapso, que solo estamos a una decisión nomás de cambiar el mundo.

Quizás el sentido del tiempo esté en el conflicto... Quizás no. Quizás se trate de la duda. Esa duda que nos hace andar, intentar y equivocarnos. El tiempo tiene sentido cuando lo miramos. Es necesario prestarle atención. Ahora... ¡El tiempo está pasando! El error es quedarse quietos.

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domingo, 28 de octubre de 2018

La Cruzada


Cada individuo tiene el peso de su existencia y en el momento que descubre que ella resulta liviana, intrascendente y pasatiempista, en el momento en el que toma conciencia de ello, esa levedad se vuelve inmediatamente insoportable. Así nos cuenta Milan Kundera y es muy difícil no estar de acuerdo.

A veces me pregunto si el amor es suficiente. Si al amar damos profundidad a nosotros mismos. ¿Será que nuestra completud está en el dar? Es posible. Deberíamos consensuar primero que amar es dar.

¿Será que, en verdad, lo que nos impulsa día a día es esa zanahoria que está atada a nosotros delante nuestro, que siempre corremos y nunca alcanzamos? ¿Qué haríamos sin una meta? ¿Qué haríamos si no tuviéramos siempre un objetivo a cumplir (terminar una carrera, comprar una casa, resolver un problema, visitar un país, montar un negocio, tener un hijo, etc.)?

Quizás se trate, al final del camino, de simplemente prolongar la vida... O quizás no…

Me parece que el mundo nos obliga a sumar experiencias. Quizás es lo único que en verdad tiene sentido, porque al fin y al cabo es lo único que realmente hacemos aquí: experimentar. Solo quisiera que el proceso no implicara grandes penas que a veces nos tocan.

Hay que procurar penar menos. A como dé lugar. No digo con esto evitar todo sentimiento que melle nuestro ánimo, sino simplemente evitar ese crack que algunas veces la vida impone a nuestra alma. En esos altibajos que se llama vivir, es menester amortiguar el pico inferior. Esa es una cruzada permanente y, si me permiten una sugerencia, hagamos que esa cruzada no sea solo personal, en la medida que veamos a otro transitando esa parte baja, esa pena profunda, aportemos. Algo, una palabra, un rato de tiempo, un abrazo. Esa debe ser quizás la hermandad a la que todos debemos sumarnos. La Gran Cruzada. Porque cada uno transita su camino y vive su experiencia, pero nada mejor que poder salir rápido cuando nos tocan las grandes caídas. El gran amor de unos hacia otros que las religiones pregonan no es otra cosa que ese. Tan simple, tan raro a veces.

Invito a todos a sumarse a esa cruzada: extender una mano a quien pena. No es material la cosa, ni se trata de solucionarle la vida, es solo unos gramos de empatía.