lunes, 3 de noviembre de 2025
Sympathánatos
lunes, 17 de junio de 2024
No Me Ames
sensible y sin tacto.
Tan lleno de dudas cómo de sentires, con miedos reales y otros más sutiles.
No me ames, porque no se manejarlo.
Porque sueño tanto y me equivoco aún más.
No me ames, yo no lo merezco. Todas mis flores siempre se marchitan.
Deslizo en degradé, a tonos más fríos.
No me ames, no sé si podrías, tal vez te contagies, mejor no me ames.
No lo hagas, podría no soltarte, tatuarme tu nombre, penarte sin verte en cada partida.
No me ames, pero si lo haces, por favor, rescátame pronto, antes de que muera, quede la cáscara y solo respire.
jueves, 6 de junio de 2024
Despertar...
Despierta... La experiencia en la Tierra llegó a su fin. Regresamos...
Aprendiste sobre el amor, la desesperación, la tristeza y la alegría.
Experimentaste sentimientos y en tu caso, un crecimiento del alma que te acerca una nueva existencia a la que solo se puede acceder, pasando antes por aquí.
El desafío de la experiencia humana ha sido sin duda agotador. No es para cualquiera y sin embargo es parte de un sistema muchísimo más grande.
Creo que si me decían antes todo lo que iba a pasar, sin duda hubiera dicho que sí (claro que sí, porque ¿de que otra forma hubiera sido posible experimentar toda la gama de sensaciones humanas sino es siendo humano?).
Tengo que confesar que estando dentro del mundo terrícola, la cosa cambia. La incertidumbre, la incerteza, la falta de seguridad que sufrimos cuando desconocemos la trascendiencia que ahora, ya libres de la montaña rusa que es la condición humana, damos por sentada... Toda esa fragilidad de consciencia es verdaderamente un desafío.
Puedo afirmar también, ya después de la experiencia, que no me arrepiento de haberla transitado. A pesar de todas las dificultades. Y no se si tanto por las alegrías, que valoro, claro está, sino por la sabiduría de las cicatrices adquiridas. Aunque me quedé con la sensación que faltó mucho por aprender (más que una sensación, es también una certeza, sí).
En definitiva, ha sido tremendo viaje y ya ha terminado.
Tengo la posibilidad de volver, de dar otra vuelta más... No estoy tan seguro. Valió por supuesto el paso por ese mundo, pero no sé si quisiera repetir el proceso, y menos si no puedo hacer vívido en mí recuerdo el aprendizaje anterior. Quizás no alcance con la intuición de un alma vieja que llega de nuevo a dar otra vuelta... No, creo que no alcanza, me la voy a pegar un montón de veces más. Si de hecho esa es la idea... ¿Por qué volvería entonces?
Solo se me ocurre que lo haría por los demás. A Buda eso fue lo único que lo retuvo... Lo entiendo. No sé si soy tan necesario, todo lo que hay que transmitir, ya ha sido dicho, solo que pocos escuchan.
Es lindo despertar también. La paz y la armonía vibrando en el todo, es imposible de describirle a un humano.
Es tan llamativo que vivan en esa incertidumbre, inmersos en la ley de la finitud, cómo si fueran certezas incuestionables. Es que solo con ellas se puede entender la razón de la creación.
Uno cree que el destino de grandeza, de plenitud o de felicidad (si es que existe como tal) es una ruta que seguimos y que segun el tipo de conductor que seamos, podemos alcanzar o no. ¡Que poco entendermos el plan!
No sé si quiero otra vuelta... No hay ninguna experiencia que desee con tanto fervor volver a transitar... casi ninguna, bah.
Por ahí el tiempo lineal, el amor verdadero de esos en los que se nos va la vida, las noches de verano... Privilegios que pocos tienen y aún menos reconocen como tales. En fin.
La clave es saber que las vicisitudes y los sinsabores, son solo parte de algo más grande, mucho más incluso que un periodo vital.
Estoy despertando, pero quizás me quede un ratito más...
domingo, 27 de agosto de 2023
El Gran Plan
No tengo dudas que hay un Gran Plan. Que todos somos parte de algo más grande. Algo que nunca vamos a poder llegar a dimensionar, ni siquiera medianamente comprender.
No tengo dudas, porque en definitiva es evidente que muy poco de lo que nos pasa en nuestra vida es realmente mérito propio. No elegimos demasiado en nuestro camino.
No elegimos donde nacemos, ni nuestros padres, donde estudiamos, y el contexto en el que crecemos. Ergo, tampoco tenemos ninguna responsabilidad en la constitución de nuestra personalidad, que en definitiva nos es dada por todo eso. Ni nuestro nombre es elección propia.
Al tener poco que ver en cómo se formó nuestra personalidad, tampoco tenemos mucho margen al momento de tomar decisiones durante nuestros jóvenes años, ya que lo hacemos en base a la constitución psicológica que nos ha tocado. Las amistades y vínculos que nos acompañan desde temprana edad son dados por una afinidad de personalidad que ya tenemos formada, sin aporte alguno nuestro.
El camino de la responsabilidad se va formando de a poco, en la medida en que somos conscientes de nosotros mismos. De lo que queremos, de la escala de valores que sostenemos, de porque nos gusta lo que nos gusta y de las consecuencias de las decisiones que tomamos.
Lamentablemente, este proceso no es nada rápido, y hasta que llegamos a ese punto, nuestras decisiones, nuestros resultados, son una simple consecuencia de una construcción que nos es absolutamente ajena.
Nuestro mérito es de alguna manera escaso, pero no inexistente. La construcción moral, una vez establecida, nos pertenece por completo. Las elecciones morales que hacemos, la decisión de "hacer lo correcto" no es de nadie, más que de uno mismo. Queramos o no, construimos una filosofía propia, personal, que se sustenta en los valores que desarrollamos a partir de una base que aunque no es propia, los valores que emergen de ella sí lo son. Podemos nacer y crecer en múltiples diferentes circunstancias, pero todos aprendemos lo que esta bien y lo que está mal. Ulpiano enseñaba el "alterum non laedere", ese deber general de no dañar al otro, como tradicionalmente se explica. Aunque en verdad, es algo más. No hace falta que el daño se produzca, el deber es evitar la posibilidad del mismo: podemos simplificarlo en "respeto".
El libre albedrío navega esas aguas. Las del respeto al otro y a uno mismo. Las que nos llevan a una costa o la otra, dependiendo de cuanto nos respetemos, cuando escuchemos nuestros anhelos, nuestra propia filosofía y a su vez, respetemos a los otros.Todo lo demás, nos ha sido dado.
Es difícil determinar si lo que no es dado es mayor, o más determinante que nuestro libre albedrío, a veces parece muy poco este último, aunque en una encrucijada, la elección moral puede ser tan determinante como el Gran Plan mismo.
Al final del día solo podemos dar lo mejor de nosotros y después, la conspiración universal hará su parte. La experiencia humana es en definitiva, transitar este proceso. Nada más.
sábado, 31 de diciembre de 2022
2022
No voy a despedirte. Porque creo que no se despide a los años, ni a las personas. Despedir tiene más que ver con desechar que con saludar.
Pasó recién otro año más. Siempre estos días son un tiempo raro de reflexión y por alguna razón estos tiempos siempre resultan algo movilizantes para cada uno.
Si hay algo bueno que te puede dejar un tiempo pasado es aprendizaje. O más exactamente sabiduría. Una historia vivida es, antes que nada, una experiencia atesorada. Una marca en ese mural que conforma el tejido constitutivo de nuestra alma. A veces quisiera resistirme a los finales...
Reconozco que los años solo pueden durar sus 365 días cada uno. Pero es de Perogrullo que hay días más preferibles, más memorables que otros. Días que uno quisiera repetir, retener, estirar. Pero hay otros que parecen no terminar jamás, eternos como esas cicatrices de la infancia.
Puede terminar el año y comenzar otro, sí. El calendario es indiscutible, pero creo que voy a tener la irreverencia de retener algunas de sus partes. En especial aquellas que fueron tan especiales como el café de la mañana.
Supongo que este año que comienza me va a explicar de que se trató el anterior. Siempre pasa eso con los años. Algo me dice que quizás la explicación sea buena, no sé. Así y todo, ya esta decidido: Ciertas partes que pasaron, me las voy a quedar tal cual. Por especiales, por reveladoras, por profundas.
En definitiva, siempre sostuve que somos solo algo más que la suma de nuestras experiencias y aprendizajes. Solo podemos ser quienes somos hoy, por lo que fuimos ayer. Protagonizamos un devenir que muta mientras también mutamos.
No tengo claro el Gran Plan (¡¿Que no daría por saberlo?!)… pero la sensación -o certeza- que me acompaña, es que no está compuesto de azar. Y que en definitiva… somos todos parte de algo más grande.
miércoles, 26 de mayo de 2021
Kairos
Es increíble como ilumina la Luna. En noches de Luna llena y cielo despejado, la noche no es tan noche, o mejor dicho la noche no es oscura y es muy, muy noche.
“La noche
está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos” decía Pablo
mientras plasmaba en letras su tristeza.
Que
diferentes somos de día y de noche. Mucho tiempo me pregunté en cual de esos
momentos se mostraba el verdadero ser. Creo que en verdad el verdadero ser se muestra en
ambos momentos, como también puede permanecer oculto en cualquiera de ellos.
“¿Como no haber
amado sus grandes ojos fijos?” Quizás el Todo a veces nos posa su mirada. Un
instante nomás y nos cambia. Por un breve momento somos en toda nuestra
vulnerabilidad, en todo el error que podemos ser, en toda la lucidez de la
posibilidad. ¿No les pasa a veces?
En momentos
así, el mundo cotidiano jaquea su propio sentido. Las preocupaciones de siempre
y los contextos se vuelven poco importantes. Efímeros, como los imperios. Pasa
cuando a veces el Uno, en su insondable esencia que sobrevuela todo lo que hace, nos
mira. De pasada, por un momento casi sin tiempo, al recorrer la creación toda, caímos brevemente en el cuadro que pinta con su prometea mano.
¿Y que me
pasa cuando sucede? Pasa el Kairós. Me doy cuenta de lo importante. No hago
demasiado, hay que decirlo también. Solemos evitar profundizarlo y buscamos
volver a la ceguera cotidiana. Sería como arrancarse los ojos para cuidar la vista. Es comprensible, igualmente. Pasa que con el Kairós viene el recessus, esa angustia de palpar lo
inalcanzable. El impulso de correr como lobos y la frustración inmediata de no
encontrar el bosque para hacerlo.
El Kairos
es solo eso, nada menos que eso. La crisis se repite en la banda de moebius
hasta que al fin, alguna vez, le devolvamos al Uno la mirada, para finalmente ser consumidos por el fuego que no quema… pero renueva.
jueves, 24 de diciembre de 2020
Ezis
Si mí alma fuera un sistema operativo como el Windows, tendría un montón de ventanas abiertas. Una de ellas sin duda, sería cierto sentimiento de padecimiento melancólico fastidioso. Aunque más que una ventana, sería una aplicación corriendo permanentemente en segundo plano. No sé bien cuál es su función, ni siquiera como llamarla
Vamos a ponerle Ezis, ya que ese es el nombre de la diosa griega de la angustia. Hija de la noche y de la oscuridad, Ezis es una de las deidades más antiguas... no me extraña.
Ezis tiene un efecto particular en mí sistema operativo. A veces, cuando corre, hace más lento el funcionamiento ya que hay aplicaciones que se cierran solas o que trabajan un poco más despacio.
Otras veces algo la activa y abre una ventana para correr directo en primer plano por sobre toda otra aplicación. No sucede muy seguido, por suerte. Cuando pasa eso, no se puede cerrar, ni siquiera minimizar. Corre ahí por encima de todo. En esos momentos empieza a consumir una enorme cantidad de memoria. Abre muchos archivos multimedia viejos y los va corriendo de a uno. Aunque a veces no son muchos los archivos que abre, sino unos pocos, y aunque los cierre, al rato los vuelve a abrir otra vez. Fotos y videos que no dejan de aparecer cada tanto en pantalla.
Ezis está siempre corriendo. O casi siempre, en realidad. Algunas veces, por circunstancias absolutamente desconocidas entra en suspensión y aunque activo, no corre, no utiliza recursos del sistema, ni nada. Es apenas un poco de memoria ocupada en caché nomás. Y curiosamente en esos casos, el sistema no es más rápido, pero tampoco más lento. El resto de las aplicaciones corren igual, solo que distintas. Algunas van más rápido, otras no. Algunas operaciones se ejecutan diferente nomás. Eso sí, la resolución de pantalla aumenta y todas las ventanas tienen mejor definición. También, debo decirlo, algunas aplicaciones no corren cuando pasa esto. Programas como Reflexión, o Momento Bisagra se apagan más seguido o no funcionan. Otras aplicaciones como Empatía, corren con diferente configuración, y no esta claro que tan bien andan en esos casos.
Por el contrario, la conexión de red anda fenómeno sin Ezis y la velocidad de transmisión de datos entre computadoras es un lujo. Cuando Ezis está operando, el ancho de banda se achica y por alguna extraña razón lo distribuye de una forma absolutamente discrecional, prefiriendo ciertas computadoras por sobre el resto. No sé porque.
¿Para que sirve Ezis? No está muy claro. Vino con el sistema operativo, en verdad. Creo que es uno de esos softwares muy complejos que la mayoría de las veces traen más problemas que beneficios, ya que la dificultad de uso que tiene a veces es un obstáculo insalvable para el usuario.
No hay desinstalador para Ezis. Pequeñas partes de su programa se infiltran en los directorios y en otras aplicaciones y se hace imposible sacarlo del sistema.
La
única posibilidad es aprender a usar este software. He tenido indicios de que
al usarlo eficientemente permite asignar mejor los recursos del sistema,
direccionando más a las aplicaciones realmente importantes, y recortando
memoria de otras como Superficialidad o Entretenimiento Pasajero. Es un programa
muy difícil de usar, pero si vino instalado en el sistema operativo, no queda
más remedio que aprender, porque si no ese Windows que es el alma se hace mucho
más difícil de operar.
lunes, 28 de septiembre de 2020
Tiempos Interesantes
sábado, 12 de septiembre de 2020
Apuntes de madrugada
Son casi las cuatro de la madrugada. El tiempo corre más despacio a esta hora, en especial si el despertador se toma el día mañana.
El silencio a esta hora sienta bien. Suelo estar dormido ya, pero a veces tengo algo para decir, o mejor dicho, escribir. Bueno, hoy en verdad no lo tengo, solo tengo la necesidad de sacar algo que está guardado. Los humanos guardamos muchas cosas dentro nuestro. Y es algo muy curioso, porque en general no sabemos que es lo que guardamos hasta que lo sacamos afuera.
Aristóteles estaba convencido que lo justo, lo bueno, lo perfecto, estaba en lo que los griegos llamaban “telos”, algo así como el propósito fundamental, la esencia misma de algo que determina su finalidad definitiva. Se suele poner como ejemplo la semilla: su “telos” es ser un árbol.
Para el ser humano esa finalidad es la realización, la plenitud. Seria algo así como la felicidad, solo que real y posible. No me voy a referir a Aristóteles más que en esto que ya señalé. No porque no lo merezca, es quizás una de las mentes filosóficas más trascendentes de la historia de la humanidad, sino porque estas líneas no son para eso y además, él tenia claro que el telos se verifica en una polis correctamente gobernada que privilegia y tiende a la virtud. En Argentina, no sería el caso.
Conocer el telos de cada un no es tarea fácil. Me animo a decir que en la mayoría de los casos se viven vidas completas sin siquiera aproximarse a ello. Quizás por eso la felicidad es tan tangible como los ángeles.
En esta madrugada reflexiono y puedo reconocer que he dedicado buena parte de mi vida a tratar de encontrar mi telos. He dedicado tanto tiempo vital solo en sostener el temor de eludirlo… teniendo presente que el tiempo transcurre y cuando no busco el telos, entonces lo esquivo. Esta actitud puede ser frustrante (y lo es), pero también creo que es parte del instinto de supervivencia.
¿Cómo me daré cuenta si lo encuentro? Sin duda habrá algo en mi sentir que me lo diga, obvio. Algún sentimiento sutil y poderoso, quizás. ¿O será tal vez una dirección de mi atención? Algo que al ser invocado hace que en ese instante toda la atención y la energía se dirijan allí, no por necesidad, sino más bien por devoción. Una vibración interior que nos confirma que no hay nada en el mundo que quisieras estar haciendo aparte de lo que en ese momento estas haciendo, con la certeza que estas cumpliendo la función para lo que has sido hecho. Ese sentimiento es el subproducto emergente de la presencia del telos.
Quizás mi telos está aquí y ahora, en estas líneas… quizás no. Pero declaro bajo juramento que voy a seguir tras de él. Es en verdad un juramento fácil, ya que creo que aunque quisiera, no podría hacer otra cosa… es que si la hiciera, solo reinaría el conflicto en mí, y a esta altura de la vida, preferiría evitarlo… salvo que sea absolutamente necesario, claro.
viernes, 27 de marzo de 2020
La muerte al lado (parte 2)
jueves, 13 de febrero de 2020
Café
miércoles, 1 de enero de 2020
2020
domingo, 25 de agosto de 2019
Tango
Sí, es verdad que el núcleo del alma es, si es que existe tal cosa, solo una pequeña parte de ella. Pero sería, en todo caso, la parte más definitiva del ser o al menos de mí sentir. Nostalgia. Es eso.
Sutil condición de transcurrir sabiendo que siempre falta una pieza (a lo menos) del rompecabezas. Todo puede ser, pero la mayor parte no es.
¿Por qué será que siempre la pieza que nos falta del rompecabezas es la que quedó atrás? Nunca te das cuenta del paso del tiempo hasta que tomas conciencia de que ya pasó. Una porquería! Para peor, cuando ya se tiene eso asumido, a veces se va más allá, y se llega a tener nostalgia de la nostalgia misma vivida en el pasado. Tremendo... ¡Qué caros que son algunos momentos! No hay forma de juntar para pagar por ellos de nuevo.
Por lo menos siempre quedan las palabras. Estás que pueden ser dichas o mejor aun, escritas. Son el consuelo final que al menos permiten hacer sentir que lo que sea que pase, vale la pena, tiene un sentido, aunque mas no fuera el de poder dejar plasmado un sentimiento, dándole el arte de la prosa. Algo es algo. No nos preocupemos por que tan bien nos salen, lo importante es expresar, es la única forma de supervivencia.
También a veces la ansiedad nos trae el ayer, nos lo revive y nos amaga a proyectarlo en el futuro solo para enrostrarnos que no estará... Vaya sadismo!
A lo lejos parece quejarse un bandoneón... No está tan lejos, pero en definitiva nunca llego a tocarlo.
Voy a intentar añorar el futuro, solo para variar un poco.








